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El artista y el innovador

El Artista y El Innovador

Un escrito originalmente creado por Ash Maurya.

Author of Running Lean, Scaling Lean, and Creator of Lean Canvas – Helping Entrepreneurs Find Their Business Model @LEANSTACK.

Durante los últimos nueve años, he tenido la oportunidad de trabajar con miles de empresarios de todo el mundo, lo que me ha dado una perspectiva única que me gustaría compartir con ustedes hoy.

El estereotipo del emprendedor ha cambiado. Ya no son dos individuos en un garaje. Los emprendedores (o empresarios) surgen desde todos los rincones y trascienden edades, géneros y ubicación geográfica. Mientras que nuestras apariencias difieren, al igual que nuestros idiomas, aún a pesar de eso somos más similares que diferentes. Queremos y tememos las mismas cosas, y hasta cometemos los mismos errores.

Después de un rato, empecé construyendo dos arquetipos del emprendedor en mi mente: El artista y el innovador. Descubrí que cada emprendedor que he conocido cae en uno de estos dos arquetipos.

Llamémoslos Steve y Larry.

A pesar de haberles dado nombres para hacerlos más “personas”, quiero enfatizar nuevamente; lo que los hace similares no es su edad, su género o su geografía, sino que ambos tienen una “gran idea” y deciden actuar en torno a ella. Al principio se ven muy parecidos, pero lo que los diferencia es cómo se ven un año después.

Un año después, Steve todavía está construyendo su producto. No tiene ingresos por productos y depende de un trabajo independiente a tiempo parcial para financiar el desarrollo de sus productos. Y trabaja solo.

Larry, por otro lado, tiene una base de clientes en crecimiento, ingresos crecientes y un equipo en crecimiento.

¿Cómo es que ambos terminaron en dos lugares tan diferentes?

Para responder esa pregunta, vayamos 12 meses atrás.

Hace un año.

Steve está en su cubículo perdido en sus pensamientos. Anteriormente en el día, su manager le dijo que la compañía de su padre (debido a una reciente adquisición) estaría cerrando sus oficinas en unos cuantos meses. Se le fue ofrecida como opción a Steve de reubicarse a su oficina central o tomar la opción de liquidación.

Él lee esto como una señal.

Siempre ha planeado comenzar su propia compañía cuando sea el momento adecuado. Después de graduarse de la universidad, tomó la decisión consciente de unirse a un prometedor emprendimiento con el fin de adquirir experiencia de primera mano, antes de aventurarse por su cuenta. A pesar de que su puesta en marcha tuvo algunos malos arranques de producto, finalmente lograron ser adquiridos. Steve se sintió muy orgulloso de haber formado parte del equipo central.

“Este puede ser un buen momento para…” se pensó a sí mismo. Él decidió tomarse la tarde para pensar las cosas.

Steve estimó qué si mantenía sus gastos a raya, el bono de liquidación y sus ahorros podrían proveerle un año de sustento para trabajar en algo que le brinde una base más firme. Ya tiene una idea que ha estado rondando por su cabeza en los pasados meses. Decide tomar el bono de liquidación el día siguiente.

Y aquí vamos…

Steve no se demora en ponerse a trabajar e inmediatamente empieza a construir su producto. Él anticipa que, si se mantiene concentrado y trabajando a tiempo completo sin distracción, debería de poder lanzar la primera versión en los siguientes tres meses.

Quiere crear su producto “de la forma correcta”, así que es meticuloso en su diseño y en su construcción. Pequeñas cosas empiezan a demorar más de lo esperado, y después a amontonarse. Semanas se convierten en meses.

6 meses después.

Steve comienza a sentirse nervioso. Su producto no llega a sus estándares, y con eso estima que el lanzamiento de la primera versión tome, al menos, otros tres meses… quizá hasta seis. Sus fondos estarán vacíos para ese entonces. Se da cuenta que necesita ayuda.

Se pone en contacto con algunos de sus amigos cercanos e intenta reclutarlos, ofreciéndoles generosamente, acciones. Pero ellos no ven lo que él ve, y no ven el atractivo suficiente como para dejar sus empleos bien pagados.

Y Steve ve esto como “falta de visión”, justificando así el contratiempo. Y está aún más determinado a encontrar una forma de terminar su proyecto. Decide buscar una forma de recaudar fondos.

Empieza contactando al fundador del start-up donde trabajó meses atrás, Peter, quien acepta la invitación de verse con Steve. A Peter le gusta la idea, y le ofrece presentarle algunos inversionistas, y lo deja con este consejo:

Asegúrate de armar un plan de negocios a prueba de balas primero.

Steve nunca ha escrito un plan de negocios antes. Así que descarga algunas plantillas y elige una que le guste. Cuando empieza a escribir, se da cuenta de que no sabe muchas de las cosas que se le piden, pero hace lo mejor que puede para completar el plan. Está especialmente motivado por la hoja de cálculo del pronóstico financiero. Cuanto más juega con los números, más convencido está de que está en algo realmente grande.

Él sabe cuánto está en riesgo, así que pasa sus días desarrollando su discurso de venta, exponiendo el plan de trabajo de su producto, y puliendo exposición de diez diapositivas.

Se pone en contacto con Peter unas semanas antes, quien le ayuda agendando más de media docena de reuniones con inversionistas. Steve está muy nervioso durante las primeras reuniones, pero piensa que fueron exitosas. Empieza a sentirse cómodo y seguro después de cada reunión.

No obtiene un “sí” de forma inmediata, pero al menos ningún rotundo rechazo tampoco. Le pide a Peter informes sobre quien le revienta su burbuja.

“Lo siento Steve, pero “es muy temprano para nosotros” y “regresa en dos o tres meses” era el código para “no estamos interesados, pero somos muy corteses para decirte que no.”

Un círculo vicioso.

Steve no logra que los demás vean claramente cuál es su visión hasta completar su producto, pero los inversionistas no le darán los medios para completar su producto. ¿Qué hará ahora?

Steve aún tiene fe en su producto, y está determinado a construirlo. Se regresa a su garaje metafórico y decide ser su propio inversionista con un trabajo freelance de medio tiempo. El progreso es lento, pero al menos está aún trabajando en él, noches y fines de semana, dirigido a progresar con su idea.

Larry toma un enfoque totalmente distinto.

Larry también tuvo una grandiosa idea hace un año, pero a diferencia de Steve, el no empezó con un enfoque de “crea/construye primero” o un inversionista primero”. Larry reconoce que esa estrategia solía funcionar, en un momento en el que “crear” era difícil y requería de una significante suma de dinero, pero el mundo ha cambiado.

Los inversionistas solían valorar las propiedades intelectuales bien fundadas de los equipos que podían hacer cosas que demostraban tener. Ese ya no es el caso.

De igual forma, ya que construir productos era altamente elevado en costos, los equipos que lograron recaudar fondos solían tener una injusta ventaja sobre aquellos que no, ya que podían llegar al mercado mucho más rápido que sus competidores. Aunque su primera versión lanzada a mercada haya sido defectuoso o sólo malo, ellos podían hacer mejoras en el camino porque tenían pocos competidores mordiéndoles los talones. Pero el mundo es muy diferente hoy en día.

Vivimos en un tiempo en el que crear productos es mucho más rápido y barato que nunca, lo que significa que hay mucha gente “starting-up” por doquier. Esto crea muchas opciones para ambos, inversionistas y clientela.

Los inversores de hoy en día no valoran la propiedad intelectual, sino la tracción.

La tracción es evidencia de que gente, además de ti, tu equipo y tu mamá toman interés por tu idea, también conocidos como: clientes. Aún más importante, la tracción es una temprana evidencia de un modelo de negocios. Inversionistas hoy en día no financian soluciones que funcionan, sino modelos de negocios que funcionan.

Eso nos lleva a la epifanía de Larry: El modelo de negocio, no mi solución, es EL PRODUCTO.

Y como con cualquier producto, un modelo de negocio puede y debe ser construido sistemáticamente. Larry pasó media tarde haciendo bocetos para su modelo de negocios. Procede a hacer unos cálculos de estimación, y formula una estrategia de validación.

Al crear un producto complejo, uno no empieza con las cosas más sencillas, sino más bien con las cosas que son más riesgosas o difíciles. Construir un modelo negocio no es diferente. Crear soluciones es algo fácil para Larry. Así que en vez se concentra en lo difícil– generar clientes.

Larry decide empezar con la tracción primero, o con el enfoque cliente primero.

Pero ¿cómo demuestras tracción sin producto? ¿No estamos de vuelta en un círculo vicioso? No realmente, porque:

A los clientes no les importan las soluciones, más bien, les importan sus problemas.

Larry sabe que los clientes de hoy están constantemente siendo bombardeados por toda clase de productos. La batalla inicial es tener su atención. Y aquí está la parte intuitiva: No necesitas un producto para hacer eso, pero sí una oferta convincente o atractiva, que pueda suplir a tu producto.

El actual desafío no es construir un producto, sino descubrir el producto correcto a crear.

Creas una oferta atractiva pieza por pieza al entender a tus clientes, antes que nada, sus problemas y sus alternativas existentes. Una vez que lo hayas encontrado, defines tu solución y todo se vuelve mucho más sencillo.

Este es el proceso que él usó:

A diferencia de Steve, quien quiso perfeccionar y pulir su producto un año después, Larry define su Mínimo Producto Viable (versión 1.0) en menos de 8 semanas.

Un producto mínimo viable (MVP) es la solución más pequeña que crea, entrega y captura el valor del cliente.

Siguiendo este enfoque, Larry evitó derrochar tiempo, dinero y esfuerzo en crear un producto que él espera que clientes compren con un producto que sólo él cree que clientes comprarán.

Esto pone a la idea de Larry como un suelo bastante sólido donde estar parado, donde pasa las siguientes 4 semanas creando la primera versión para su solución. Una vez completada, inmediatamente empieza cobrar a clientes desde el día uno, quienes están más que felices de pagar porque el MVP le da justo al clavo de sus necesidades y entrega valor desde el inicio.

Larry continuamente redefine su producto desde el inicio por medio de conversaciones con clientes. Esto le permite tener una constante ventaja sobre su competencia y a siempre mantenerse con un pie delante a ellos. Su clientela está creciendo, sus ingresos también, al igual que su equipo y modelo de negocios.

Conclusión

Las diferencias entre Steve y Larry no radica en sus habilidades sino en sus mentalidades.


Steve está operando como artista
y está siendo motivado por amor a su producto (solución). Puedes fácilmente sustituir “artista” por un desarrollador de software, diseñador, creativo, maker, escritor, hacker, inventor, etc. Steve toma un enfoque “Crea primero”, y en la época en la que nos encontramos eso es muy riesgoso. La verdadera pregunta hoy no es “¿Podemos construirlo?” sino “¿Deberíamos construirlo?”

Larry, por otro lado, opera como innovador.

Los innovadores convierten inventos en modelos de negocios.

Primordialmente motivado en convertir sus ideas en modelos de negocios funcionales, toma un enfoque “Cliente primero” porque considera que esa es la fase más difícil en la creación del modelo de negocios. Sistemáticamente quitándole riesgo a su modelo de negocios, priorizando de mayor a menor riesgo.

La mayoría de los emprendedores empiezan como Steve y eventualmente se convierten en Larry.

Yo solía ser Steve también. Yo tuve una gran idea. Una idea tan buena que nunca le dije a nadie más que amigos cercanos jurando secrecía. Invertí un año creando mi “gran idea” en sigilo. Y, cómo Steve, yo también batallé en lograr que otros vieran lo que yo veía.

Me tomó 7 años tener la transición Steve-Larry, y no he mirado atrás nunca más desde eso. Este cambio de mentalidad es un game-changer. Yo atribuyo todo mi éxito y atención que he recibido a través de los años a mis libros (Running Lean y Scaling Lean) y al Lean Canvas, esta nueva forma de pensar y el abordaje a productos.

Todos tenemos opción.

Si tú actualmente operas cómo Steve, entones tienes una decisión que tomar: ¿Píldora roja o píldora azul?

Esta es tu última oportunidad. Después de esto, no hay vuelta atrás. Toma la píldora azul: el cuento termina, despiertas en tu cama y creerás lo que quieras creer. Toma la píldora roja: permaneces en el país de las maravillas y te mostraré qué tan profundo llega la madriguera. Recuerda, todo lo que estoy ofreciendo es la verdad, nada más. –Morfeo, Matrix

 

Fuente. blog.leanstack.com/the-artist-and-the-innovator-e6b4888c5869

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